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(Ribadeo, Lugo, 1907 - Granada 2001)
BREVE RESEÑA BIOGRÁFICA
Nació en Ribadeo, Lugo, el 6 de Junio de 1907. Desde muy niño se despertó en él la curiosidad, la inquietud y la búsqueda del ideal y la belleza, manifestándose mediante el dibujo primero y muy pronto también por la pintura. El joven Benito aprendió de su padre, fotógrafo de prestigio, los secretos de la luz y la composición. Las primeras experiencias artísticas le llegan casi jugando, cuando le dejan utilizar los utensilios del que fuera ilustre pintor tardo romántico Dionisio Fierros, a cuya casa acudía el joven en compañía de Dionisio Gamallo Fierros, su nieto, que llegó a ser gran literato y humanista y que compartió con Benito amistad y mutua influencia desde aquella niñez hasta el resto de sus vidas.
Las incipientes obras pictóricas del joven Prieto, sin duda influenciadas por los clichés de los modelos de tipos populares fotografiados por su padre, apuntan ya las maneras del futuro artista y son obras ya muy depuradas. Consigue a los quince años pensión de la Diputación Provincial de Lugo para estudiar en Madrid y, al no tener la edad mínima reglamentaria para el ingreso en la Academia, pasó en la capital de España un año bajo la tutela de su paisano el gran grabador Manuel Castro Gil. Al fin fue admitido en Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado donde cursó estudios con gran aprovechamiento y consiguió varios premios especiales. Tuvo maestros tan prestigiosos como Plá, Benedito, Moreno Carbonero y Romero de Torres y compañeros tan singulares como Salvador Dalí, con quien Prieto mantendría una tormentosa relación de amor-odio desde entonces.
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Terminada su formación consigue inmediatamente plaza de dibujo y, gracias a su brillante expediente, se le ofrece destino en Barcelona o Madrid, pero el joven profesor elige su patria gallega y se incorpora al Instituto de Tuy. Allí participa en los novedosos sistemas pedagógicos impulsados por la República y desarrolla toda su inquietud didáctica y experimental y no se contenta con el contexto y horario, sino que lo amplía dando clases nocturnas y gratuitas a los obreros. Funda, junto a sus alumnos la revista cultural TUDE, hacen exposiciones de final de curso con trabajos y experiencias tan significativas que la prensa de la época titula, por ejemplo "Resurrección del Románico en el Instituto de Tuy". Labran en sendos bloques de granito monumentos al filósofo Sócrates y al literato Valle Inclán. Por toda esta labor le nombran Director Honorario del Instituto y celebran banquetes y homenajes en su honor.
Recién terminado el curso 1935-36 estalla la Guerra Civil. Benito Prieto es detenido en su casa de Ribadeo con acusación de simpatizar y ayudar a obreros y anarquistas y es encarcelado en el presidio de Tuy, precisamente. Aquel oscuro episodio de la cárcel marcará profundamente el carácter y la sensibilidad del artista para toda su vida. Se salva de la muerte de milagro, no sin antes haber pintado en la mazmorra hasta 24 retratos de sus compañeros de infortunio, en los últimos momentos de sus vidas, pues muchos de ellos fueron fusilados.
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Salido de la cárcel, la misma mano protectora conduce a Benito Prieto, soldado, al Monasterio de Guadalupe, donde tenía cuartel su compañía, apartándolo de filas y siendo acogido y protegido por los frailes capuchinos. Allí también retrató el pintor a militares y religiosos y dejó varios cuadros, entre ellos el que cierra el ciclo de los milagros de la Virgen, en le claustro mudéjar del Monasterio. Acabada la Guerra sale el pintor de Guadalupe y contrae matrimonio con una farmacéutica y maestra granadina en ejercicio por tierras gallegas. Traslada el joven matrimonio pronto su residencia a la pequeña localidad de El Padul, cerca de Granada. Allí discurrirán los años centrales de la vida de Prieto, y donde realiza la parte mas significativa y emblemática de su obra, entre ellas su famoso Cristo. Entra en este periodo el artista en una etapa de introspección, de reflexiva soledad, y se aparta del mundo exterior. |
El aislamiento es solo roto por esporádicos viajes a Madrid, donde era reclamado como retratista y, excepcionalmente, un largo viaje y estancia en Turquía en 1955 y 56, donde pinta Las ruinas de Éfeso.
Le interesan en esta época la búsqueda de la belleza y el alma profunda de las cosas y las personas. Pinta una serie de estudios y bodegones de objetos humildes, de una extraña poesía, a la vez que soberbios retratos, muchos de ellos al carbón, de gran expresividad. Su modelos, entre otros muchos fueron Menéndez Pidal, Vallejo Nájera, Ignacio Barraquer, Gregorio Marañón, Sánchez Cantón, Antonio Bienvenida, El Cordobés… de los que sabe extraer los aspectos mas profundos de su alma y expresión.
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Ya en el año 1970 se data su cuadro El padre Damián paradigma de la pintura expresiva y rotunda de Benito Prieto y lección suprema de calidad y técnica pictórica. El cuadro, de grandes dimensiones, fue donado por su autor a la Real Academia de Bellas Artes de Granada, al ser nombrado numerario de ella en 1983.
Con la madurez del hombre y del pintor, inconformista siempre, su obra se va haciendo mas exigente. Especula y destruye mucho y acomete proyectos de gran envergadura, cargados de crítica y de mensaje al hombre y a la sociedad. Son ejemplo dos gigantescos cuadros de tamaño y concepto: Quien me librará de este cuerpo de muerte y el Peregrino de la Paz. En este último cuadro el pintor trabajó durante mas de veinte años.
Su última obra, que quedo inacabada, fue el Retrato de Don Manuel Fraga, encargo oficial del que fuera Presidente de la Xunta de Galicia. Benito Prieto Coussent alcanza la muerte la madrugada del tres de Febrero de 2001, en Granada, a los 93 años de edad. Había mantenido intactas sus facultades y sus inquietudes hasta el final de sus días. La obra mas representativa de Prieto Coussent es sin duda su Cristo en la Cruz, cuadro que marcó drásticamente su carrera para bien y para mal.
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Obra de larga gestación, precedida de multitud de estudios y bocetos, nunca gratos al pintor, que acababa destruyendo; a la vez que jalonada de dificultades que hicieron muy difícil el proyecto. El artista buscaba soluciones a los aspectos históricos y plásticos y llevo a cabo numerosas investigaciones arqueológicas, teológicas, antropológicas y forenses.
Es acusado de torturar a sus modelos y de crucificar cadáveres y se las tiene que ver con al Guardia Civil. El cura párroco de El Padul organizó trisagios para el fracaso del cuadro y la salvación del alma del pintor. Fue llamado ante un tribunal de teólogos, presidido por el cardenal Parrado, para defender el proyecto. Finalmente la primera versión del cuadro (llegó a pintar otras tres mas) era expuesta en la Exposición Nacional de 1948. La obra del pintor gallego causó gran impacto y de inmediato surgió la polémica, acusando al cuadro de repelente y blasfematorio y a su autor de irreverente y hereje. Era la visión cruda y terrible de un Cristo que rompía radicalmente con toda la iconografía imperante hasta la fecha. El cuadro obtuvo la tercera medalla del certamen y catapultó a la fama al pintor.
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La obra toda de Benito Prieto es fruto del estudio, de la búsqueda de la verdad y del alma de las cosas. Obra trágica o tremendista como la ha calificado la crítica, y obra relativamente escasa, dado el inconformismo de su autor y su extremo deseo de perfección, que le hacía rectificar y destruir muchos trabajos acabados. No firmaba sus cuadros y no expuso casi nunca. La obra de prieto es su propio autorretrato, es la plasmación de su propia espiritualidad humanística. En su discurso de ingreso en la Academia dejó dicho: “Pintar es la cosa mas difícil del mundo. Pintar es como morir un poco. Toda mi vida, desde mi niñez, está determinada por la pintura, y puedo deciros hoy que el esfuerzo ha merecido la pena, porque cada día inauguro un nuevo reto ante el lienzo en el que, de alguna manera, mi corazón se derrama”.
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Luis Ruiz Rodríguez
Profesor Asociado
Departamento de
Pintura
Facultad de Bellas Artes
Universidad de
Granada |
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