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El pasado 3 de Febrero se cumplieron diez años del fallecimiento en Granada del gran pintor Benito Prieto Coussent. La Villa de Padul rindió homenaje al que fuera su ilustre vecino durante muchos años y donde "pasó sus mejores días y realizó sus mejores obras" como reza la placa conmemorativa instalada en el Ayuntamiento para perpetuar su memoria. Una serie de actos, concurso de pintura infantil, conferencia, y exposición de obras del pintor, dieron forma a la efeméride y será el resurgimiento de la memoria de los paduleños mas viejos y el descubrimiento de los mas jóvenes; como clara apuesta del Gobierno Municipal por potenciar la cultura en general y el conocimiento de tan singular y entrañable personaje, en particular, distinguiéndolo con el título de Hijo Adoptivo de la Localidad. "El pintor de la soledad reflexiva" como dijo de él José García Román, presidente de la Real Academia de Bellas Artes, había recalado en Granada desde las lejanas tierras de su Galicia natal, en el año 1940, tras casarse con una paduleña, Antonia Rejón. Ya no abandonaría nunca Granada, y será en esta tierra de adopción donde desarrollaría su carrera y, a pesar de su enclaustramiento y nunca comprendido retiro en la Villa de Padul, su figura y su obra lograron proyección internacional, sobre todo a partir de 1948, cuando sale a la luz su obra más emblemática: su famosísimo Cristo (el primero de las cuatro versiones que llego a pintar sobre el tema). Esta obra, tras conseguir medalla en la Exposición Nacional de aquel año, en Madrid, catapultó a la fama a su autor, que había sido acusado previamente de irreverente y hereje por atreverse a pintar tamaña blasfemia en la imagen de un Cristo que, verdaderamente, rompía con la larguísima tradición iconográfica imperante hasta la fecha. La sociedad granadina nunca quedó indiferente ante el pintor gallego y, como todos los grandes personajes, despertó grandes admiraciones y pasiones, al igual que reticencias y envidias... nunca indiferencia. El reconocimiento oficial a su figura y su carrera le llega en 1983, al ser nombrado académico numerario de la Real de Bellas Artes de Granada, ocupando el sillón de D. Gabriel Morcillo, pintor al que tanto admiraba. Fruto de una personalidad fuerte e inconformista, tremendamente critica con la tiranía, la injusticia y todas las lacras de la sociedad, su vida misma estuvo marcada por el dolor y el recuerdo del drama sufrido en su juventud, cuando estuvo a punto de morir fusilado; su obra en su conjunto es fruto de ese tremendismo o "terribilitá”, estremecedora a veces, que es su sello más distintivo. Siempre se ha dicho que hay que pintar las cosas tal como se sienten, en este caso éste es un sentimiento trágico, por eso se puede decir que la obra de Prieto es su propio autorretrato, es la plasmación misma de su propia espiritualidad. Benito Prieto sentía las cosas de verdad. Por eso pintaba “de verdad”. Hace años, en 1990, se celebró en el Museo del Prado la magna exposición de Velázquez, donde pudimos ver la maravillosa Venus del espejo. |
Los espectadores de la exposición, que hacían cola para ver el cuadro, que se acercaban para recrearse en él con verdadero deleite, eran gentes de toda condición, unos más sencillos otros más doctos, mas intelectuales pero a todos atraía por igual. Preguntémonos: en una cultura literal y empalagosamente saturada de imágenes de toda índole, la "imagen" representada en el cuadro de Velázquez ya debía estar "superada": el más discreto anuncio publicitario de cualquier perfume podría, y puede, superar la imagen que nos ofrece el cuadro, una guapa modelo maravillosamente ataviada, maravillosamente iluminada, maravillosamente fotografiada, retocada, digitalizada... ¿Porqué en un mundo que es ya imperio de la "realidad virtual", donde vemos eso (y mucho mas) a diario y hasta la saciedad, esa imagen pasará inadvertida, como tantas otras, y sin embargo el cuadro no?. EI cuadro, al contrario, cada vez nos atrae más. La respuesta hay que encontrarla en la propia pintura. Es la pintura por la pintura. Es la pintura de verdad. Otra sobre Velázquez: Hipólito Taine, después de haber recorrido Italia, reconocía al hechizante Retrato de Inocencio X, como la obra más excelente que había visto en todo el país, y lo describía así: "Una cortina de seda roja, un sillón tapizado de terciopelo rojo, un cuerpo revestido con muceta roja, un birrete rojo sobre una cara roja, y esta, una cara de imbécil que no se olvida en los días de la vida". Ese batiburro de rojos hace, gracias al juego milagroso de tratamientos y texturas, que todos los sentidos, aparte del propio de la vista, queden afectados. Esto es la pintura. La pintura "de verdad". Cuando alguien se planta frente a frente al sobrecogedor cuadro de Prieto Coussent EI Padre Damián, le ocurre lo mismo. En este caso es la mirada de un leproso, que nos mira desde el otro lado del cuadro, nos llama... eso es la Pintura. Por eso ahora, en este tiempo, tenemos que mirar mas lejos, tenemos que volar más alto, tenemos que aprender de los grandes, de los gigantes. Las generaciones mas jóvenes descubrimos a Benito Prieto Coussent con una mas que avanzada edad y siempre vimos en él a un ser singular, “como de otro tiempo”, un apóstol de una religión, la artística, condenada a extinguirse; un paladín del arte y de la pintura “de verdad”, como decíamos mas arriba, y de sus valores más atemporales y eternos. Insaciable buscador de la verdad y la belleza de las cosas, patológicamente inconforme con sus obras, que destruyo muchas de ellas, que casi nunca las firmaba por considerarlo acto de vanidad; siempre en la búsqueda ese horizonte, que nunca se alcanza, de la perfección. En su discurso de ingreso en la Academia, Benito Prieto dejo dicho: "Pintar es la cosa más difícil del mundo. Pintar es como morir un poco. Toda mi vida, desde mi niñez, esta determinada por la pintura, y puedo deciros hoy que el esfuerzo ha merecido Ia pena, porque cada día inauguro un nuevo reto ante el lienzo en el que, de alguna manera, mi corazón se derrama". Ese era Benito Prieto. |
Gracias, maestro, por todo lo que nos has dejado, por todo lo que nos has enseñado, y que sigas siendo, desde el recuerdo, ese faro de luz y energía que nos guía a la vedad y la belleza. . . Por muchos años.
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Luis Ruiz Rodríguez. Departamento de Pintura. Facultad de Bellas Artes. Universidad de Granada. |